¡SANTA CLAUS ESTUVO EN EL CONCILIO DE NICEA [año 325]!

San Nicolás de Myra

Muchos siglos antes… Cuando todavía era San Nicolás de Myra

Así como lo leíste… Santa Claus estuvo presente en el primer Concilio Ecuménico celebrado en Nicea… que nos legó el gran regalo de nuestro Credo niceno, llamado también “Símbolo de los apóstoles”, el cual condenaría la herejía arriana, declarando a nuestro Señor Jesucristo: “Hijo de Dios, engendrado unigénito del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado y consubstancial al Padre…”. Y como te decía, en este gran Concilio, estuvo presente santa Claus, claro está, mucho antes de 1931, mucho antes que sólo vistiera de rojo y blanco y lo convirtieran en figura publicitaria… Cuando Santa Claus era todavía SAN NICOLÁS DE MYRA… Y esta es la historia.

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El Concilio de Nicea y su lista de asistentes

San Nicolás salvando, por su mediación, a tres niños que iban a sacrificar

En el año 325 la iglesia celebró su primer Concilio Ecuménico, con el que respondió a la herejía arriana. Arrio, fiel seguidor de Luciano de Antioquía, por quien había sido formado, fue sacerdote asignado para el distrito de Baucalis, en Alejandría, en 313, donde comenzó a difundir una idea distorsionada del misterio trinitario; debido a la falta de comprensión del vocablo “engendrado”, considerándolo sinónimo de “creado” y “con principio”, llegó a negar la divinidad del Hijo, subordinándolo en su relación con el Padre y considerándolo inferior a este. En respuesta a tales ideas, la Iglesia, con el apoyo del emperador Constantino, convocó unos 1800 obispos, de los cuales, hay diversos testimonios escritos sobre los asistentes: Eusebio de Cesarea contó más de 250, Atanasio de Alejandría enlistó 318 y según Eustacio de Antioquía asistieron 270. Después, Sócrates de Constantinopla presentaría una lista con más de 300; Evagrio de Antioquía, Hilario de Poitiers, Jerónimo, Dionisio el Exiguo y Rufino de Aquilea registraron 318. Es en la lista registrada por Teodoreto de Ciro en su “Historia Eclesiástica” [s. V], donde San Nicolás aparece como asistente al concilio con el nombre de “Nicolás de Myra de Lycia”; la fuente más recurrida es la de Teodorus Lector, originario de Constantinopla, del siglo VI, quien ubica a san Nicolás como el asistente 151.

La historia de la bofetada de Nicolás a Arrio

«San Nicolás en el Concilio de Nicea, movido por el amor a Cristo y su celo por la recta doctrina, en pleno debate conciliar abofeteó a Arrio al presentar una profesión de fe distorsionada que negaba la divinidad del Hijo»

Seguido de las listas, están las narraciones posteriores de algunos acontecimientos, como el relato de la expulsión y encarcelamiento de san Nicolás durante el mismo Concilio de Nicea, pues, movido por el amor a Cristo y su celo por la recta doctrina, en pleno debate conciliar abofeteó a Arrio al presentar una profesión de fe distorsionada que negaba la divinidad del Hijo; estando en la cárcel fue visitado por el Señor Jesús y la virgen María, quienes le preguntaron “¿Por qué estás aquí?” Y el respondió: “¡Por amarte tanto!”, entonces Jesús lo libera de sus cadenas, le entrega los evangelios, mientras la virgen María le devuelve su investidura y el palio; tanto las escenas de su retorno a la investidura con estos símbolos, como la bofetada dada a Arrio fueron celebrados en la iconografía oriental a través de una serie de pinturas que se exponen en la Basílica de Bari. San Nicolas de Myra, es también conocido como San Nicolás de Bari, pues en 1087, un grupo de comerciantes católicos, cuando los musulmanes conquistaron Anatolia, trasladaron secretamente las reliquias del santo a la ciudad de Bari, Italia, donde se construiría la “Basílica de San Nicola” y de donde su devoción se difundiría a toda Europa. El cambio de San Nicolás al nombre moderno de Santa Claus, posiblemente proviene del diminutivo alemán: Niklauss; o quizá proceda de Sinterklaas, nombre que recibió en Holanda, donde se difundió una profunda devoción a San Nicolás; de cualquier forma, lo cierto es que el escritor Washington Irving, satirizando la devoción de la gran comunidad holandesa de Nueva York, en el siglo XIX, deformó abiertamente el nombre y la figura de San Nicolás por Santa Claus.

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