La Gracia como una ayuda de Dios en san Agustín

Por: Axel I. Peralta

«Tan poderosamente obra la gracia del Salvador en nuestras voluntades, que el Apóstol no vacila en decir: Cuantos son movidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Nada más provechoso para nuestra libre voluntad que dejarse mover por quien no puede mover sino santamente»

San Agustín

San Agustín de Hipona

El hombre corrupto en su integridad, supone una falla en el modelo original,[1] una falla en la armonía que existía entre gracia y naturaleza, ambas unidas en un solo ser creado que es imagen de Dios. Con la caída del hombre, éste rompe la armonía en su ser y queda enfermo, es decir, la gracia y la naturaleza quedan separadas, pero una sola es la que queda dañada: la naturaleza humana. Esto es, porque según mi parecer, la gracia es un atributo divino que Dios comparte con el hombre, no es una creación, mientras que la naturaleza es una creación de parte de Dios, es decir, Dios crea una naturaleza humana. De ahí que el pecado dañe la creación, más no al Creador. La problemática antropológica sobre la gracia y la naturaleza suponen una falta de comunicación con Dios, es decir, el hombre no escucha la Palabra de Dios (Logos), de ahí que el hombre quede dañado en su entendimiento (logos), es decir en su naturaleza racional. Si el hombre atenta contra el Logos, es lógico que quede discapacitado y fracturado en su logos.[2]

Pelagio, un monje del siglo V, afirmaba que la gracia se alcanza por mérito y no como un regalo de Dios. Para él, Adán nos heredó la muerte, pero no el pecado, él cree que la muerte es parte de la naturaleza humana y que no es consecuencia del pecado. No logra ver que lo fracturado en el hombre es la naturaleza (de ahí que la muerte se sume a las consecuencias de la desobediencia) y que la gracia es un don divino que no puede ser alcanzado por una naturaleza meramente mundana.

Sus argumentos giran en torno a rechazar la gracia como algo que auxilia al hombre. Pelagio no logra ver la naturaleza primitiva del hombre, este autor piensa que el ser humano siempre ha sido así, incluso que ha sido creado mortal, ha sido creado para morir, la gracia, por lo tanto, se alcanza con las fuerzas propias. Él ve al ser humano separado de la gracia desde un principio, el hombre no tiene la gracia originalmente, la adquiere esforzándose día a día. He aquí algunos de sus argumentos, recogidos por san Agustín: 

Que Adán fué creado mortal y que, ora pecase, ora no pecase, estaba sujeto a la muerte.
Que el pecado de Adán tan sólo a él le perjudicó, y no al género humano. 

Que la Ley conduce al cielo lo mismo que el Evangelio. Que antes de la venida de Cristo hubo hombres que vivieron sin pecado.

Que ni por la muerte o pecado de Adán perece todo el género humano, ni por la resurrección de Cristo resucitan todos los hombres. 

Que la gracia de Dios se da según nuestros méritos, y, por tanto, la gracia de Dios depende de la voluntad del hombre, ora se haga digno, ora indigno.[3] 

Argumentos pelagianos citados por San Agustín

San Agustín, escribe con el corazón en la mano y expresa que los errores pelagianos surgen de una mala interpretación de la Sagrada Escritura, de una mala disposición del espíritu para acoger al Espíritu Santo y de la malicia que tienen en su corazón. En san Agustín vemos que un corazón noble sabe reconocer los corazones que no tienen nobleza en ellos. Por ello el “Doctor de la gracia” ve que Dios es quien viene en ayuda del hombre. El ser humano, después de la caída, no es autosuficiente, el hombre queda dominado por las pasiones carnales, el hombre queda cegado espiritualmente y se abren los ojos materiales, dándonos a entender que es la carne quien domina al espíritu después de la desobediencia. La gracia queda fuera del hombre y así la naturaleza se corrompe al quedar sin la Ayuda de Dios.[4] Cristo es esa ayuda de Dios que sale en busca del hombre que ha perdido lo que tenía en un principio. 

Esta ayuda de Dios no es condicionada, es obra de la misericordia divina, es obra del Dios que extiende su mano para encontrar lo que estaba perdido, para sanar lo que estaba enfermo, para curar aquello que el hombre era incapaz de remediar: Si pecaste ¿qué harás? Y si son muchas e incurables tus trasgresiones, para eso vino Jesucristo desde los cielos, para lo incurable; para lo que no podemos curar: para sanar lo insanable.[5]

Pelagio

San Agustín tiene muy en claro que esa ayuda de Dios viene por su misericordia, pero en cierto modo es necesario que roguemos para alcanzar la gracia que perdimos, esa gracia que es ajena a la naturaleza corrupta: Para alcanzar esta gracia pedimos a Dios que no nos deje caer en la tentación. Esta gracia no es la naturaleza, sino ayuda de la frágil y viciada naturaleza. Esta gracia no es el conocimiento de la ley, sino aquella gracia de la que dice el Apóstol: No repudio como nula la gracia de Dios; porque, si por la ley se alcanzase la justicia, entonces Cristo hubiera muerto en vano; y por eso no es letra que mata, sino espíritu que vivifica.[6] La Ayuda de Dios siempre viene a socorrer al hombre que se encuentra perdido, esta ayuda llega en modo de gracia, el hombre que discierne sabe encontrar consuelo en esa ayuda. En la Ayuda de Dios no hay maldad, no hay mentira, no existe la infidelidad, toda ella es pura y llena de belleza, su objetivo es socorrer y amar sin condición. Esta gracia no daña al hombre, la gracia que Dios envía, conecta íntimamente con el ser humano y se unen para volver al paraíso del que fue expulsada la naturaleza corrupta. La Ayuda de Dios hace que el hombre confíe nuevamente en que la esperanza sigue viva cuando Dios es quien guía la historia.

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Referencias:

[1] No por el Creador, sino por la libertad mal usada de parte del hombre creado.

[2] Cfr. DE ALEJANDRÍA Clemente, El Pedagogo, Libro I, 13

[3] AGUSTÍN, Actas del proceso contra Pelagio, 65.

[4] En mi lenguaje, Gracia es la Ayuda de Dios.

[5] ORÍGENES, Comentario sobre Job

[6] AGUSTÍN, Actas del proceso contra Pelagio, 20.

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